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LA
IASD EN EL MUNDO
EL
TEATRO COMO MEDIO DE PREDICACIÓN
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La
Conversión de Pablo
Angel Maguiña
JONIS: Este es el que dice blasfemias contra este lugar
santo, Moisés, la ley y Dios, pues le hemos oído decir que ese Jesús
de Nazaret destruirá este Lugar, y cambiará las costumbres que nos dio
Moisés.
SUMO SACERDOTE: (A Esteban) Esto es así?
NARRADOR: Todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los
ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel
ESTEBAN: ... Pero Salomón le edificó casa. Si bien el Altísimo no
habita en templos hechos de mano, como el profeta dice: El cielo es mi
trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?
dice el Señor. ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano
todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos!
Vosotros siempre resistís al Espíritu santo. Como vuestros padres, así
también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros
padres? Mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo,
aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y matado. Vosotros
recibisteis la Ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis...
SAULO: (Comentando con Jonis) Este cristiano fanático, que en su
estribillo, nos acusa de ser matadores de su justo, es digno de muerte,
por su blasfemia.
JONIS: Que dice este incircunciso, solo dice frases que le traen a la
muerte
ESTEBAN: (Mirando al cielo se arrodilla) Veo los cielos abiertos, y al
Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios.
(Saulo y Jonis se tapan los oidos)
JONIS: ¡Es un blasfemo! merece la muerte...
SAULO: Sacadlo fuera y sea apredeado
(Sacan a Esteban, le quitan la ropa y le ponen al lado de Saulo, le
tiran al suelo el se arrodilla y lo apedrean)
ESTEBAN: Señor Jesús, recibe mi espíritu. ¡Señor no les atribuyas
este pecado! (muere y es sacado)
SAULO: Malditos cristianos, estos sabrán el día de hoy que los
fariseos somos implacables, no les daremos tregua...
JONIS: Ellos siempre van a la sinagoga, y si no los hallamos allí podríamos
sacarlos de sus casas...
SAULO: Eso haremos y nada habrá quien nos detenga (salen)
NARRADOR: Y Saulo perseguía a la iglesia. Entrando en las casas,
arrastraba a los hombres y mujeres, y los entregaba a la cárcel. El
odio enraizado en este hombre de quien el enemigo le había tomado
cuenta dio sus voces, con los cristianos dispersos por todas partes,
quienes seguían predicando el evangelio. Aún la furia en Saulo de
Tarso examinaba su espíritu.
SAULO: (Hace una reverencia) Sumo Sacerdote , mientras perseguimos a los
cristianos estos se esparcen y se multiplican como una plaga
SUMO SACERDOTE: Saulo, detén tu odio, un miembro del Sanedrín no debe
mostrar su odio ante la gente, si los cristianos nos ganan la delantera
en hacer prosélitos, bien podríamos desenmascararlos, demostrando que
su profeta, ese Cristo, no resucitó, fue tan común como cualquier
mortal con ideas mesiánicas.
SAULO: Pero me indigna que esos seguidores de una chusma sigan multiplicándose
SUMO SACERDOTE: Tu sinceridad te llevará muy lejos, y tu celo hará de
ti un hombre fuerte en espíritu, que más un hombre educado en los pies
del gran Gamaliel... ¿Qué solución le darás? ¿Qué sugieres?
SAULO: Dame cartas para las sinagogas de Damasco, para que si halle algún
hombre o mujer el ellos te los traeré presos a Jerusalén
SUMO SACERDOTE: Creo que esa idea está fantástica, no metes a nadie, o
nos veremos involucrados con los romanos (Escribe)
SAULO: Soy ciudadano romano
SUMO SACERDOTE: (Le entrega un pergamino escrito) Aquí esta mi
autorización y hazme saber de tus progresos en Damasco.
SAULO: Por mi vida, haré que no exista más ningún cristiano (se
retira)
SUMO SACERDOTE: Este hombre es muy sincero, no he visto hombre tan
entregado a su causa, espero que Jehová lo bendiga y lo guarde para
siempre (sale)
(Ingresa con Jonis y al caminar se prende una luz fuerte y el se cae
cubriendo se los ojos)
VOZ: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
SAULO: ¿Quién eres, Señor?
VOZ: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Dura cosa te es dar coces
contra el aguijón
SAULO: (Temblando y con miedo) Señor, ¿qué quieres que haga?
VOZ: Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer
JONIS: (Mirando al cielo con los ojos fijos cae casi desvanecido)
SAULO: (Quiere pararse y camina a tientas) Jonis, Donde estás?
JONIS: (Casi despertando) ¿Qué fue eso?, ¿era Dios?
SAULO: Llévame a Damasco no puedo ver
NARRADOR: Saulo de Tarso no comió ni bebió durante tres días.
SAULO: Jonis, despierta..
JONIS: (Despertando) ¿Qué sucede? ¿estoy tan confundido por todo lo
que ha acontecido y si pudieras explicarme para quitar estas
interrogantes que tengo...
SAULO: He tenido una visión
JONIS: ¿Otra? ¿Qué viste Saulo?
SAULO: Vi que venía un varón de nombre Ananías , que entra y me pone
las manos encima y entonces ... puedo ver .
JONIS: Entonces Esperaremos aquí
VOZ: ¡Ananías!
ANANIAS: Heme aquí , Señor
VOZ: Levántate, y ve a la calle que se llama Recta. Busca en casa de
Judas a un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él está orando y ha
visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra, y le impone
las manos, para que recobre la vista
ANANIAS: Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre, y de los males
que ha hecho a tus santos en Jerusalén. y aun aquí tiene autoridad de
los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu
Nombre.
VOZ: Ve, porque este hombre es un instrumento elegido por mí, para
llevar mi Nombre a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo
le mostraré cuánto tiene que padecer por mi Nombre (Sale Ananías)
JONIS: Esperaremos aquí?
ANANIAS: (Ingresa) Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció
en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la
vista, y seas lleno de Espíritu Santo
SAULO: (Abre los ojos) Ya veo
ANANIAS: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su
voluntad, y veas al justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás
testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora,
pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus
pecados, invocando su nombre.. Les traje algo de comer (comen)
NARRADOR: En seguida fue bautizado y empezó a predicar en las sinagogas
a Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Y todos los que lo oían
quedaban atónitos, y decían: "¿No es éste el que perseguía en
Jerusalén a los que invocaban este Nombre, y a eso vino acá, a
llevarlos presos ante los principales sacerdotes?"
VOZ: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán
tu testimonio acerca de mí
SAULO: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las
sinagogas a los que creían en ti; y cuando se derramaba la sangre de
Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en
su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.
VOZ: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles
SAULO: ¿Son ministros de Cristo? Lo digo con poco juicio. Yo más. En
trabajos más abundante, en azotes sin número, en cárceles más, en
peligro de muerte, muchas veces. De los judíos cinco veces recibí
cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas. Una vez
apedreado. Tres veces naufragué. Una noche y un día pasé a la deriva
en alta mar. Anduve de viaje muchas veces.
VOZ DE SAULO EN OFF: Estuve en peligro de ríos, en peligro de
salteadores, en peligro de los de mi raza, en peligro de los gentiles.
Peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar,
peligros entre falsos hermanos. En trabajo y fatiga, en muchos desvelos,
en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez. En trabajo y
fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío
y desnudez. Además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día,
la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no
enfermo? ¿Quién sufre escándalo, sin que yo me queme? Si es necesario
gloriarse, me gloriaré de mi debilidad. El Dios y Padre del Señor Jesús,
bendito por los siglos, sabe que no miento. y para que la grandeza de
las revelaciones no me exalte desmedidamente, me fue dada una espina en
mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetea, para que no me
enaltezca sobremanera. Tres veces rogué al Señor que quite ese aguijón
de mí. Y me dijo: "Bástate mi gracia, porque mi poder se
perfecciona en la debilidad". Por eso, de buena gana me gloriaré más
bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.
FIN
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